Un filósofo de la empresa

 * Robert Solomon para materiabiz. http://www.clarin.com.ar Nacido en Detroit en 1947, Robert C. Solomon es mundialmente reconocido por sus reflexiones filosóficas aplicadas al mundo empresarialUna empresa no es una casa ni un Estado. Sin embargo, el hombre que la compone es el mismo. Por lo tanto, Solomon concibe a la empresa como una comunidad política en el sentido aristotélico, es decir, una comunidad de fines compartidos.
Así, para Solomon, el empresario es un político en el sentido clásico: un hombre con sabiduría práctica que pretende conducir a su comunidad empresarial hacia su bien común. Y, al igual que el político, el empresario necesita descubrir y fomentar las coincidencias compartidas por los miembros de la organización.
Según Solomon, dirigir es sintetizar o integrar acertadamente una pluralidad de fines y
datos
.
En su trabajo cotidiano, el directivo utiliza datos de diversa naturaleza: aspectos técnicos, psicológicos, sociológicos, éticos, etc. Por lo tanto, para ser efectivo en la toma de decisiones, el dirigente debe contar con una visión integradora que le permita conciliar los múltiples aspectos que intervienen en el mundo de la empresa.
Una idea central del pensamiento de Solomon se resume en “los negocios como práctica”, donde la prudencia (o sabiduría práctica) debe ser la facultad que oriente las acciones del dirigente.
En este sentido, Solomon es un gran defensor de los estudios de casos como método para enseñar negocios. La clave consiste en encontrar una descripción realista del carácter peculiar de las personas envueltas en el problema. No se debe olvidar que los negocios son relaciones entre personas, no de personas con objetos.
Para Solomon, el empresario cumple con una función noble dentro de la sociedad porque contribuye a la satisfacción de las necesidades. El profesionalismo del empresario, señalaba, consiste en brindar un servicio a cambio de una compensación, no a causa de la compensación.
Finalmente, advierte este especialista, para que una empresa funcione correctamente, es necesario que directivos y colaboradores cuenten con las virtudes que forman el buen carácter.
Y las virtudes aristotélicas brindan un buen punto de partida para evaluar las características que debe poseer el empresario: coraje, moderación, amistad, generosidad, magnificencia, honestidad, imparcialidad, confianza, constancia, justicia, honor, lealtad, sinceridad, espíritu cooperativo, tacto,  apertura, etc.
Cualquiera puede advertir que, fomentando estas virtudes entre sus miembros, la empresa funcionará con más y mejores resultados y dentro de un clima laboral positivo.
 

 

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